viernes, 4 de mayo de 2012

El marinero que murió dos veces

Este, que parece un cuento de fantasía, no es sino un trozo de historia real, un curioso jirón de la vida de un marinero que perteneció a la gloriosa tripulación de la "Esmeralda", la querida nave capitana de Arturo Prat. El marinero en cuestión se llamaba Luis 2º Ugarte y estaba embarcado en la vieja corbeta desde el comienzo de la Guerra del Pacífico. Al igual que todos los marinos de la "Esmeralda" y la "Covadonga", tuvo que sufrir las privaciones y peligros del bloqueo del puerto de Iquique, que estaba defendido por 8000 soldados peruanos. Cuando los blindados enemigos "Huáscar" e "Independencia" descendieron sorpresivamente desde el Callao y asomaron a la bahía de Iquique al amanecer del 21 de mayo de 1879, el marinero Ugarte formaba parte del pelotón que hacía la guardia de la madrugada en la "mancarrona", como cariñosamente llamaban los tripulantes a la "Esmeralda". Él fue uno de los primeros en darse cuenta del encierro en que habían sido atrapadas las dos naves chilenas y uno de los que combatieron desde los primeros disparos. Acosada por los enormes cañones giratorios del "Huáscar" y herida desde tierra por los fusiles de los soldados peruanos, con sus calderas rotas moviéndose apenas, la corbeta de Prat marchó al sacrificio. Ante sus valientes tripulantes no había sino una posibilidad de salvación y de victoria: abordar al monitor y apoderarse de él. Fue lo que intentó hacer su comandante. Sacando su nave mas afuera, esperó a que el blindado del almirante Grau se le viniera encima, como un toro furioso, para traspasarla con su agudo espolón de acero. El momento del choque de los dos barcos era el que debían aprovechar los audaces combatientes. Una primera vez embistió el potente "Huáscar", pero su aguzada proa pasó rozando el casco de la corbeta de madera. Prat y los suyos siguieron esperando. La cubierta de la "Esmeralda estaba teñida de sangre y cubierta de muertos. El monitor dio una corta vuelta por la boca de la bahía iquiqueña y volvió con renovado ímpetu para espolonear a la débil barca. Los ojos de todos los tripulantes de la "Esmeralda" estaban fijos en el monitor que avanzaba bufando, terrible en su poderío. Arturo Prat, sin gorra, con la espada en la diestra y las pupilas llameantes, esperaba, esperaba el momento supremo. Estaba de pie sobre la toldilla de popa; junto a él se hallaba el marinero Arsenio Canave Miniño; bajo la toldilla el sargento Juan de Dios Aldea; en la escalerilla el corneta Gaspar Cabrales que tocaba incesantemente zafarrancho de combate; sobre la cubierta, directamente bajo el capitán, aguardaba el espolonazo el marinero Luis 2º Ugarte. --¡Hay que saltar, marineros!—Les gritó por última vez el capitán Prat. Una ráfaga disparada por los fusileros del "Huáscar", ya muy próximo, sonó como una quebrazón de ramas secas. El corneta Cabrales suspendió su toque de zafarrancho en mitad de una nota aguda, y abriendo los brazos, rodo al pie de la escalerilla. Un cabo recogió la corneta antes que dejara de rebotar sobre cubierta y siguió tocando. El "Huáscar" estaba ya a medio centenar de metros. Prat se volvió entonces hacia sus oficiales. Vio al teniente Sánchez junto al timón. --¡Listo a la maniobra! –le gritó—. ¡Cuando el "Huáscar" esté a medio cable, cierre a estribor y vire sobre el eje, para que no nos espolonee por mitad de la banda! Pero el estruendo de la fusilería apagaba su voz. Se volvió al marinero Canave y le preguntó a gritos: --¿Cree usted que oyó, marinero? Este se alzó fugazmente de hombros. No podía responderle; llegaba ya el monitor. De un salto se dejó caer sobre el vientre, listo para levantarse cuando pasara la conmoción del choque y saltar al abordaje. La cuchilla curva, como hacha de verdugo, del espolón del monitor penetró ferozmente en el flanco de madera de la corbeta. En ese momento, Arturo Prat se irguió y enarbolando su espada dio un grito bravío: --¡Al abordaje, muchachos!... ¡Al abordaje!... Haciendo destellar la espada, saltó a la proa del "Huáscar". Detrás de él saltaron el marinero Arsenio Canave Miniño y el sargento Juan de dios Aldea, los únicos que lograron oír su orden. El desconcierto, la sangre, el ruido ensordecedor de los cañones cubrieron la voz del héroe. Serrano, Uribe y los demás tripulantes sólo supieron de su temeraria acción cuando el "Huáscar", de un poderoso tirón, comenzó a separarse de la corbeta. Entonces un último marinero saltó al abordaje. Fue Luis 2º Ugarte. Cayó sobre el borde de la baranda de proa del monitor, se equilibró unos instantes agitando los brazos y enseguida se precipitó al mar, entre las dos naves. No vio la muerte heroica de Prat, ni después la de Serrano y sus compañeros. Aferrado a un madero, asistió al final de la "Esmeralda" desde el agua. Sus compañeros, los sobrevivientes que fueron recogidos por el "Huáscar" después del naufragio de la corbeta, creyeron que Ugarte había perecido en la cubierta del monitor y en su relación lo dieron por muerto. En las listas de la Marina chilena junto al nombre de Luis 2º Ugarte se colocó una cruz. Pero, mas adelante, cuando Iquique fue tomado por los chilenos y se rescató a los sobrevivientes de la "querida capitana", entre ellos apareció el difunto marinero Ugarte, y en Valparaíso al ser condecorados todos aquellos héroes, se prendió también en le pecho suyo una medalla de plata. Luego, todos los navegantes volvieron a la guerra, pero entonces lo hicieron como tripulantes del propio "Huáscar", que había sido conquistado en el combate de Angamos. El resucitado Ugarte formó parte de la dotación, bajo las órdenes del capitán Manuel Thomson. El 24 de febrero de 1880, el monitor llegó frente al puerto fortificado de Arica y, junto con la cañonera "Magallanes", asumió la misión de bloquear dicha base naval. Al amparo de los formidables cañones del morro y de los fuertes de la playa se hallaba otro monitor peruano, el "Manco Capac", poderosamente artillado. El capitán Thomson sufría por no poder atacarlo y, el 27 de aquel mes, no supo contener más su ímpetu. Ordenando aumentar la presión de las calderas del "Huáscar", comenzó a batirse con las baterías de la costa, con el propósito de acercarse al "Manco Capac" y hundirlo a espolonazos. Dos veces cargó contra él aquella mañana y en ambas ocasiones debió retroceder por los estragos que los cañones del Morro hacían en su tripulación. Pero, a las dos y media de la tarde, sorpresivamente envalentonado, el "Manco Capac" comenzó a avanzar fuera de la bahía. Thomson volvió a dar la orden de ataque y su monitor se abalanzó furiosamente sobre el barco enemigo. Mas, cuando iba a espolonearlo, advirtió que el "Manco Capac" llevaba apegada a su flanco una lancha torpedo. Tuvo, pues, que virar, para intentar caer sobre el enemigo sobre el otro costado. El capitán Thomson estaba al pie del puente de mando, enardecido de coraje dispuesto a saltar al abordaje. Detrás de él se hallaba el marinero Luis 2º Ugarte, resuelto a seguirlo. Pero aquella virada en redondo en torno al barco enemigo fue fatal. El "Huáscar" ofreció su flanco descubierto a los poderosos cañones enemigos y uno de los grandes proyectiles del "Manco Capac" dio en mitad del pecho del infortunado Thomson, partiéndolo en dos. La misma bala de cañón cogió al marinero Ugarte y lo pulverizó en el aire, esparciendo sus trozos sobre la cubierta. Así fue como aquel valiente marinero murió por segunda vez, pero ahora definitivamente. El destino había marcado de antemano que debía perecer sobre la cubierta del "Huáscar"…

Por Jorge Inostroza


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